Antes de dedicarme a las artes marciales fui boxeador profesional. Esa etapa me enseñó algo que no se aprende en ningún libro: la disciplina, el sacrificio y la mentalidad que hace falta para subirte a un cuadrilátero. Con los años entendí que lo que había aprendido peleando podía transmitirlo a otros.
Así nació AFC — Animal Fight Center. Empezamos en Collado Villalba con la idea de crear una escuela distinta: un sitio donde cupieran desde el niño que entrena por primera vez hasta el peleador que se juega su carrera profesional, todos bajo la misma exigencia. Hoy contamos con dos sedes, en Villalba y en Tres Cantos, y seguimos creciendo con la misma filosofía del primer día.